lunes, 10 de diciembre de 2012


mira, querida helena.
es verano,
y el cielo azul se ilumina con tu sonrisa.
¿has visto el sol enorme, rojo, del atardecer?
yo lo miro,
y disimuladamente
te miro a ti también.

mira, helena, mira.
es el mar.
vamos, vamos a la playa,
a pisar la fina arena
a besar conchas y caracolas,
a bebernos el mar.
¿ves la ola agitar el agua?
¿ves la espuma blanca acariciar la orilla?
mira, mira los niños
y sus juegos...
es verano, helena de mi alma.

mira, mira 
desde la forquita hacia el este.
¡que hermoso cielo estrellado!.
las noches, en verano, son así.
¿has visto, que hermosa está la luna?
su pálida luz te ilumina
y te hace aun más bella.
busca helena busca,
estrellas fugaces,
(aunque ya no estemos 
en esa edad incierta
en que es posible formular deseos).
cierra los ojos,
formula tu petición a su paso
y sueña con que se cumplirá.
¿ya? ; no, no me lo digas,
es tu deseo y tu sueño. se realizará.

mira, mira, helena del alma.
¿qué ha sido eso?.
un beso, tan solo un beso.
estas tan hermosa...

y fuiste el verano, mujer de mis entrañas,
el verano en mi vida.

martes, 27 de noviembre de 2012

el naufragio


I
escribo estas líneas suponiendo, en principio, que nadie alcanzará a leerlas. he intentado incluir en su redacción aquellas partes del relato de lucas que más me han impactado, hasta el extremo de no conseguir olvidar ni sus palabras ni sus gestos al decirlas, reflejo de una impulsiva locura que lo arrastró más allá de donde yo había llegado nunca, al límite de los sueños, donde estos alcanzan grado de pesadilla, una pesadilla de la que no se puede salir, ni dormido ni despierto, confundiendo y mezclando lo real, lo posible y las fantasías más absurdas convertidas en delirios y espejismos, en ese lugar sin nombre desde donde arranca la locura, te abraza y no te suelta sin lucha.


a ella la conocí tiempo más tarde, cuando lucas ya se había convertido en una sombra oscura, reflejo mortecino del hombre que fue alguna vez, al que recuerdo y no reconozco en el ser que todavía visito cuando me asomo a la entrada de su infierno particular, que puede transfigurarse en distintos y variados paisajes, acordes con su cada vez más marcada doble personalidad: lugares oscuros, barras de bar a la madrugada, prostíbulos de cierta clase, llenos de bebidas y mujeres caras; o lugares luminosos, playas y acantilados, altas montañas desde las que arrojarse, a las que se accede desde pistas empinadas que lucas subía a lomos de una vieja bicicleta, jadeando y resoplando como un animal herido, sin marcas ni cicatrices visibles. aquella bicicleta se había convertido en única razón para vivir tras su demencia, fiel amante entregada y que transportaba de un lado a otro como compañera inseparable.


ruth había llegado a la empresa poco antes que lucas. cuando me la presentó, no pude evitar la sensación de conocerla de antes, quizá de haberla visto en alguno de aquellos tugurios que frecuentábamos en nuestros años de universidad, aunque era bastante mayor que nosotros. quizá ese difuso recuerdo lo haya producido el hecho de hallarnos ante una mujer que se ajustaba bastante bien al canon de belleza que presidió todas mis aventuras románticas hasta la actualidad: rubia, menuda y proporcionada, era una mujer que despertaba el interés en los hombres de forma inmediata. su cabello lacio jugueteaba de manera permanente sobre su frente, lo que la obligaba a echárselo hacia atrás en un gesto maquinal y seductor. por lo general obsequiaba a todos con una sonrisa alborozada, pero medida, para no dar la sensación de ser una mujer accesible.




es posible que ese fuese el error de lucas. desde el principio vi en ella una mujer simpática y atractiva, pero con cierto punto de soberbia que me ponía en guardia respecto a sus intenciones. lucas sin embargo, se dejó arrastrar por los labios proporcionados que otorgaban a esa sonrisa alborozada una gracia especial, por sus enormes ojos claros que en los días de lluvia parecían adoptar un tono amarillento característico de ciertas fotos familiares debido a una ancestral e inexplicable conciencia de finitud. esos ojos claros verdeamarillentos convirtieron a lucas herranz en un ser melancólico, como aquel que repasa esas fotos y reconoce en ellas algo de su pasado que sabe ya jamás volverá. y sobre todo, se dejó arrastrar por una piel blanca y suave, cuyo tono recordaba la arena de una playa desolada a la que ni gaviotas ni náufragos deberían acercarse nunca. yo, pájaro herido, aterricé en esa playa y posé mis patas sobre su suelo, batí mis alas sobre sus aguas pero luego seguí volando; lucas, sin embargo, se arrastró sobre esa arena después de un naufragio del que se convirtió en único superviviente, sin darse cuenta de que arribaba a una isla desierta y siniestra.




II
por aquel entonces, recuerdo que lucas salía con una mujer de cierto encanto, voluptuosa morena de carácter complicado, que parecía apaciguarse en sus impulsos ante la mirada lánguida, a ratos ceñuda y pensativa de lucas. esa mirada azul y transparente en la que se reflejaba cierta cólera contenida, cierta tortura escondida que alguna vez me contó, era consecuencia de “no hacer lo que quería”. por aquel tiempo, al poco de conocer a ruth, me comentó que necesitaba alterar su existencia, volver a su infancia o vivir otra vida, sentir impaciencia por algo olvidado que cada noche le hiciese dormir agotado y cansado y por la mañana levantarse en un impulso de curiosidad por ver que le deparaba el día…
todo ello era a causa –lo supe mucho más tarde– de la atracción casi enfermiza que empezaba a sentir por ruth y el temor del escaso interés que ella podía sentir por un tipo como él, temor que le atenazaba y le convertía en algo que jamás había sido: un individuo cobarde y pasivo. ¿qué podía ver en él?; y cuando estaba con ella ¿de qué hablar si lo único que le apetecía era mirarla, perderse en sus ojos y en su boca? a veces pensaba que podría decirle tal o cual cosa, pero se las había contado tantas veces en silencio, en lo que él definió como cierta distancia táctil, que al llegar el momento de hablar se callaba.



III
en esas circunstancias, la estabilidad que lucas había encontrado por fin con su morena voluptuosa domada a fuerza de miradas perdidas saltó por los aires, y no encontró más motivo para vivir que buscar a ruth por todas partes. no solo en la oficina, sino, de manera casi enfermiza, en aquellos sitios donde sabía que no podría encontrarla, donde no habría rastro de ella, frecuentando un territorio absolutamente suyo en exclusiva, un territorio de cosas y lugares que podrían haber sido suyos y de ruth. ruth se convirtió en dos ruth: la real y la posible. cultivando por entonces la conciencia de que la partida con la “ruth real” estaba perdida, se enfrascó en olvidarla para centrarse en exclusiva en la “ruth posible”. esa partida por olvidar a la “ruth real” fue una batalla de lucas que le arrastró a una actividad frenética, más allá de sus responsabilidades laborales. por aquel entonces surgió su afición por correr en bicicleta. siempre le había dado miedo circular entre coches, pero la moda de esas bicicletas extrañas y pesadas que eran capaces de atravesar montañas y subir por cuestas imposibles gracias a platos y piñones de tamaño anómalo y ruedas gruesas le animó a practicar un deporte que siempre le había entusiasmado. se gastó cantidades desorbitadas de dinero en bicicletas extrañas llenas de avances técnicos inútiles si no estabas en forma para dar pedales, pero poco a poco se fue poniendo a tono gracias a su empeño por entrenar todos los días y a todas horas. para él, era la forma de combatir su recuerdo, una forma de hacer desaparecer a la “ruth real”, sudando y sufriendo, subiendo sus pulsaciones hasta sentir un flato agudo que le impidiese respirar, dando pedales hasta casi derrumbarse, corriendo con rabia hasta sentir dolor en los muslos y en las piernas, acelerando hasta no pensar subiendo y bajando montañas…



IV
a la “ruth posible” la moldeó a su manera. “es el aire para mí”, decía. “la veo y la alegría fluye en mí a borbotones”. francamente, la veía distorsionada, porque la ruth real era una mujer –creo que ya lo he dicho– que despertaba interés en los hombres de forma inmediata, con cierto atractivo, pero en realidad demasiado medida y distante. por ejemplo, evitaba todo contacto físico con hombres y mujeres, ni siquiera ese habitual saludo de dos besos que apenas son un choque ligero entre mejillas. en mí despertó más bien una curiosidad intensa por averiguar como serían sus besos, como sería el abrazo de esa mujer alborozada pero distante. y sobre todo, un interés de observador curioso, por saber como era su cuerpo desnudo, y que se sentiría al tocar la piel blanca como arena de su ombligo, que a veces mostraba tan discretamente.



pero lucas deformó a su “ruth posible”. me contaba por aquel entonces que era la única mujer con la que había logrado estar en silencio algunos minutos sin sentirse incomodo, porque había algo entre los dos que suplía ese silencio. para él estaba en todas partes: en el cambio de un semáforo, en el ruido de la chapa de una botella al abrirse, en el crujido de una puerta, en el movimiento de unos visillos, en el frenazo de un coche, en un cartel luminoso, en las sirenas de ambulancias escuchadas en la lejanía, en los cordones de sus botas, en el humo del café recién hecho, en los renglones de un libro o en la debilidad de sus rodillas después de una subida frenética a un monte o luego de una borrachera nocturna. ruth fue un sentimiento desbocado que rompió los diques de su razón. cuando me hablaba de esto, veía a lucas como quien ve las imágenes filmadas de un edificio dinamitado, un edificio inmenso, perfecto, mudo, que de repente se viene abajo por efecto de unas cargas de explosivo estratégicamente colocadas en sus cimientos.



V
la primera vez que tuve contacto con ruth, fue, sin embargo, en la búsqueda de respuestas que pudiesen ayudarme a comprender aquello en lo que lucas se había convertido. lo intenté acompañándole a sus lugares oscuros, barras desoladas de bares tristes y a sus lugares luminosos, en sus largas y agotadoras escapadas en bicicleta. la verdad, es que siempre me mantuve en una forma muy aceptable, y practicaba ciclismo desde muy joven, por lo que me sentía capacitado para acompañarlo, pero aquellas excursiones se convertían para mí en un autentico reto de supervivencia, porque además de tener que mantener un ritmo de pedaleo frenético, debía intentar asimilar las partes del relato de lucas más intensas, que a veces perdía cuando me quedaba absorto mirando su rostro, sudoroso, encogido en muecas angustiosas producto del esfuerzo y de la locura que le poseía.



la frecuencia de encuentros con ruth se fue repitiendo, y a medida que nos veíamos, la curiosidad que despertó en mí esa mujer madura y distante se convirtió en una atracción física poderosa, que me llevó a buscar fórmulas y trampas cada vez más siniestras buscando yacer con ella, lo que en mis miserables pensamientos llegué a justificar como justa venganza a lo que había hecho con lucas.







sábado, 20 de octubre de 2012


hoy
paseando despacio
sobre el brillo de luces nocturnas
que daban a la noche
de una ría desolada, fría, triste...
minúscula vida,
he visto una barca de pesca
que llevaba tu nombre.
y he sentido la tentación
de subir en ella,
soltar amarras
y dejarme arrastrar por la corriente...


viernes, 19 de octubre de 2012



te vas haciendo dueña
de mis despojos,
mis vueltas atrás imaginarias,
mis vuelos imposibles,
sobornando con tu cariño
a los guardianes de mi alma.

recorres entonces
mis celdas más oscuras
golpeando
barrotes de sueños
con la caricia de tus manos.

siento en ese momento
la libertad
de tu abrazo,
el viento cálido
de tu sonrisa,
la pálida luz
de atardecer
que brota de tu mirada
a veces tan triste.

preso de rotos
y olvidados atajos
hacia ninguna parte
busco
y no encuentro
nada más
que grilletes
de tardes lentas
a tu lado.

jueves, 18 de octubre de 2012


tu nombre suena como las flores
que brotan tras un amargo sueño 
lleno de lentas rimas azules.
tu nombre golpea el olvido 
como gotas de lluvia amarga 
que arroyan 
hacia sumideros de estrellas.

Es helena tu nombre,
que dirige
ejércitos de nubes,
rebaños de palabras
emitidas en susurros,
altivas tropas de árboles
que extienden
puentes de ramas
sobre espesos bosques de sueños.

es helena
nombre rebelde
de luchas eternas
al pie
de murallas altísimas;
nombre que suena
a regresos imposibles,
a vueltas sin patria
que se detienen atrapadas
por un mar en calma,
a destierros
de héroes sin causas
ausentes y descorazonados.

tu nombre es helena
y me gusta pronunciarlo
y escribirlo
porque suena como un latido,
porque perfuma
una carta no escrita,
porque va y viene
como paloma mensajera.